CASANOVA, Mª A. (98), "La organización escolar al servicio de la integración", Cuadernos de pedagogía, 269, p. 50-54.
La autora plantea en este artículo que para atender de manera adecuada a las necesidades educativas especiales dentro de la escuela normal en procesos de integración se necesita un modelo de organización escolar que lo haga posible. El artículo "se centra en la integración de los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales en los centros ordinarios", aunque valga para otras situaciones.
El punto de partida se sitúa en que la atención a la diversidad es una condición inexcusable de los sistemas educativos, debido a la aceptación de la democracia como sistema de gobierno, que implica la aceptación de las "pluralidades", la multiculturalidad existente en las sociedades actuales, la aspiración a construir una sociedad integrada, solidaria y respetuosa, que nacería desde una escuela para todos y la mejora real de la calidad educativa, que prestará atención individualizada. La integración, desde este punto de vista, atenderá todo tipo de situaciones: diferencias por ideología, etnia, cultura, lengua, desventaja social, necesidades educativas especiales por discapacidad o sobredotación, etc.
Señala que este proceso no es fácil de poner en marcha, pues hay que vencer prejuicios y resistencia de aquellos que tienen que ponerlo en marcha, pero que el proceso es irreversible.
El sistema educativo español, indica la autora, permite elaborar proyectos educativos, curriculares de etapa y programaciones de área que concretan lo anterior. Además existen las Adaptaciones Curriculares y los Programas de Diversificación Curricular. Además de esto, es precisa una adaptación del marco organizativo del centro desde otro modelo pedagógico preexistente al actual. Precisamente la falta de medidas organizativas es lo que hace que la integración se quede en buenas intenciones.
A partir de aquí, revisa algunas actuaciones y lanza ciertas propuestas para adaptar la organización de los centros y de las aulas de manera que se adaptan a las necesidades de la integración. Por ello, indica que es "incoherente partir del principio de la homogeneidad de los grupos de alumnos para organizar el centro escolar". Las personas somos diferentes, ni siquiera el criterio de edad sirve para homogeneizar, pero el actual sistema intenta que el alumno se adapte al sistema, y no al revés. Indica que el actual ordenamiento legal permite organizar los grupos por ciclos de dos años, tiempo a disposición de los alumnos para alcanzar los objetivos propuestos, y que esto es necesario para los alumnos con necesidades educativas esenciales. esto posibilita grupos menos estables y profesores diferentes, que serían "centralizados" o "seguidos" por el profesor tutor. Este mismo tutor, será el que en secundaria siga la adaptación curricular de los alumnos con necesidades especiales, catalice la actuación de los demás profesores y unifique criterios.. El alumnos mantendría una vinculación a un grupo, pero podría ir pasando por otros varios, en función de sus necesidades. Esto se podría ampliar aumentando el número de grados intermedios dentro de los ciclos ya establecidos. Desde esta perspectiva, se ve la educación como un continuo, que necesita de la actuación coordinada de todos los profesionales implicados.
Es preciso, pues adoptar medidas de flexibilización que, "como es obvio favorecerá a todo el alumnado". La evaluación continuada y formativa será de todo punto necesaria para guiar el proceso. Algunas de estas medidas sería un proyecto educativo y curricular que asuman la atención ala diversidad, distribución adecuada de tiempos y espacios, agrupamientos flexibles del alumnado, equipos de coordinación que garantice el seguimiento, estilo dinámico de dirección, etc. En el aula se necesitarían distintos agrupamientos de alumnos, diversificación del trabajo, distribución diferente del tiempo.
Concluye la autora en la importancia de la organización de los centros, sin la cual no será posible la integración total.
La autora plantea en este artículo que para atender de manera adecuada a las necesidades educativas especiales dentro de la escuela normal en procesos de integración se necesita un modelo de organización escolar que lo haga posible. El artículo "se centra en la integración de los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales en los centros ordinarios", aunque valga para otras situaciones.
El punto de partida se sitúa en que la atención a la diversidad es una condición inexcusable de los sistemas educativos, debido a la aceptación de la democracia como sistema de gobierno, que implica la aceptación de las "pluralidades", la multiculturalidad existente en las sociedades actuales, la aspiración a construir una sociedad integrada, solidaria y respetuosa, que nacería desde una escuela para todos y la mejora real de la calidad educativa, que prestará atención individualizada. La integración, desde este punto de vista, atenderá todo tipo de situaciones: diferencias por ideología, etnia, cultura, lengua, desventaja social, necesidades educativas especiales por discapacidad o sobredotación, etc.
Señala que este proceso no es fácil de poner en marcha, pues hay que vencer prejuicios y resistencia de aquellos que tienen que ponerlo en marcha, pero que el proceso es irreversible.
El sistema educativo español, indica la autora, permite elaborar proyectos educativos, curriculares de etapa y programaciones de área que concretan lo anterior. Además existen las Adaptaciones Curriculares y los Programas de Diversificación Curricular. Además de esto, es precisa una adaptación del marco organizativo del centro desde otro modelo pedagógico preexistente al actual. Precisamente la falta de medidas organizativas es lo que hace que la integración se quede en buenas intenciones.
A partir de aquí, revisa algunas actuaciones y lanza ciertas propuestas para adaptar la organización de los centros y de las aulas de manera que se adaptan a las necesidades de la integración. Por ello, indica que es "incoherente partir del principio de la homogeneidad de los grupos de alumnos para organizar el centro escolar". Las personas somos diferentes, ni siquiera el criterio de edad sirve para homogeneizar, pero el actual sistema intenta que el alumno se adapte al sistema, y no al revés. Indica que el actual ordenamiento legal permite organizar los grupos por ciclos de dos años, tiempo a disposición de los alumnos para alcanzar los objetivos propuestos, y que esto es necesario para los alumnos con necesidades educativas esenciales. esto posibilita grupos menos estables y profesores diferentes, que serían "centralizados" o "seguidos" por el profesor tutor. Este mismo tutor, será el que en secundaria siga la adaptación curricular de los alumnos con necesidades especiales, catalice la actuación de los demás profesores y unifique criterios.. El alumnos mantendría una vinculación a un grupo, pero podría ir pasando por otros varios, en función de sus necesidades. Esto se podría ampliar aumentando el número de grados intermedios dentro de los ciclos ya establecidos. Desde esta perspectiva, se ve la educación como un continuo, que necesita de la actuación coordinada de todos los profesionales implicados.
Es preciso, pues adoptar medidas de flexibilización que, "como es obvio favorecerá a todo el alumnado". La evaluación continuada y formativa será de todo punto necesaria para guiar el proceso. Algunas de estas medidas sería un proyecto educativo y curricular que asuman la atención ala diversidad, distribución adecuada de tiempos y espacios, agrupamientos flexibles del alumnado, equipos de coordinación que garantice el seguimiento, estilo dinámico de dirección, etc. En el aula se necesitarían distintos agrupamientos de alumnos, diversificación del trabajo, distribución diferente del tiempo.
Concluye la autora en la importancia de la organización de los centros, sin la cual no será posible la integración total.

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